Los caminos del altiplano no solamente conectan localidades. Durante generaciones han permitido desplazarse entre lugares de pastoreo, espacios ceremoniales, poblados y puntos de intercambio.
Quienes conocen estos senderos pueden reconocer en el paisaje señales que para un visitante podrían pasar inadvertidas. Cerros, quebradas, bofedales y cursos de agua funcionan como referencias y forman parte de una geografía conocida a través de la experiencia.
Recorrer estos caminos acompañado por quienes habitan el territorio permite aproximarse a otra manera de observar el paisaje: no como un espacio vacío, sino como un lugar cargado de historias, memoria y relaciones comunitarias.