En el altiplano de Tarapacá, el tejido forma parte de una memoria que se transmite entre generaciones. Las fibras, los colores y las formas utilizadas en cada pieza expresan conocimientos vinculados al territorio, a la vida comunitaria y a prácticas aprendidas desde tiempos antiguos.
El trabajo comienza mucho antes del telar. La selección de la fibra, su preparación y el hilado requieren paciencia y experiencia. Cada etapa conserva conocimientos que han sido transmitidos mediante la observación, la práctica y el acompañamiento de quienes dominan el oficio.
Así, una pieza textil puede ser mucho más que un objeto. Es también una forma de mantener vivos conocimientos, vínculos familiares y maneras de comprender el territorio.